"En general, nada es lo que parece" (A. N. Choa)

domingo, 31 de julio de 2011

22 - Reflexiones



Le devolví el mate empujándolo sobre el mantel de hule, y pude notar cómo me había empezado a temblar la mano.

Esa frase de Johnatan, la primera que escuchaba salir de sus labios, me había sumido todavía más en esa sensación, mezcla de inquietud, fastidio, temor e intriga que se me venía generando a medida que me involucraba en...en realidad, no sabía muy bien en qué.
Por eso esas pocas palabras del pibe no podían haber sido más certeras: "no sabe en lo que se está metiendo". Fue como una revelación: Me di cuenta en ese momento de que, a partir de aquel día del incidente con Orellana, en parte por mi propia curiosidad, en parte llevado de la mano, o de las narices, por Anchoa, había estado merodeando alrededor de algo que no alcanzaba a comprender. Justamente: no sabía en lo que me estaba metiendo, literalmente.

Ahora bien: esa frase de Johnatan podía tener en principio dos interpretaciones posibles: o se trataba de una advertencia amistosa porque él mismo estaba afectado de alguna manera por los sucesos que habíamos estado observando con Anchoa y su equipo de barrabravas detectives, o era una simple y llana amenaza.

Tratando de poner cara de poker para no dejar traslucir mis cavilaciones, le pregunté:
-A qué se refiere, m'hijo?

Pero el pibe ya se había parado, y estaba poniendo a girar un longplay en un Winco que tenía sobre una cómoda, al lado de la cama.
Era una selección de tangos interpretados por Roberto Rufino

Cuando la música comenzó a sonar, volvió a sentarse, y , como si no hubiera escuchado mi pregunta, continuó cebando mate.

Aproveché el hecho de que parecía haber decidido dar por terminada la conversación para regresar a su habitual mutismo melancólico, e intenté retomar el hilo de mi pensamiento.

De la misma manera que el papel de Orellana en toda esta historia me planteaba una disyuntiva, y no podía terminar de darme cuenta si se trataba de una pobre víctima que por mi culpa se había quedado sin trabajo, y como consecuencia había caído en las redes de una organización nefasta que captaba inocentes con quién sabe que fines inconfesables, la situación de Johnatan también me resultaba ambigua: lo había visto transfigurarse y adoptar una actitud temerosa, casi reverencial, cada vez que se producía en el bar la culminación de esa extraña combinación de luces, sonidos y aromas.
Es más: el pibe era uno de los posibles autores del anónimo pedido de ayuda que me había llegado inserto en el especial de crudo y manteca, junto con el cocinero vikingo/croata, la encargada y la camarera, que, no debía olvidarlo, adoptaban en esas ocasiones la misma actitud que Johnatan.
Pero por otra parte, el hecho de que después de tanto tiempo de haber mantenido conmigo una comunicación basada en gestos sutiles y tangos compartidos, la primera (y tal vez última) vez que el pibe se dignó a dirigirme la palabra, me saliera con una advertencia casi mafiosa, me hacía dudar, y una y otra vez me resonaba esa sentencia que Anchoa repetía cada tanto: "En general, nada es lo que parece".

Mientras me debatía en mis cavilaciones, la sucesión de mates espumosos no se interrumpía, y Rufino seguía cantando en el Winco.

Sin abandonar mi cara de poker, lo miraba de reojo al pibe, y podía comprobar que la expresión de su cara seguía siendo la que ya le conocía: serio, melancólico, con los ojos brillosos, como a un paso del llanto.

Me pareció que no tenía mucho sentido prolongar mi estadía en su bulín, y al devolverle el mate que me terminaba de tomar, le dije:
-Gracias, muy rico.Y muy bueno el long play. ¡Mire la hora que se me hizo! Otro día la seguimos

Me paré, y él, sin decir ni una palabra, se acercó a la puerta de la pieza, la abrió y me dejó pasar al patio.
Caminamos por el pasillo hasta la puerta de calle, y cuando ya estuve en la vereda, no pude aguantarme más, y decidí sacarme un entripado que tenía clavado desde aquella mañana en que lo seguí por la calle intentando sacarle alguna información

-Mire, Johnatan: está bien que a un hombre grande como yo le guste el tango, pero usted es un pibe, prácticamente, y se viste como los pibes de ahora, que escuchan esa música enloquecida, en inglés. Y a pesar de su apariencia, que, tengo que confesarle, me da un poco de impresión, resulta que tanto en ese aparatito que lleva colgado de las orejas como en el tocadiscos, con lo único que se castiga es con tangazos, uno mejor que otro.Usted tendría que disfrutar ahora del rock, como los demás pibes de su edad.
¡Ya le va a llegar el momento del tango,cuando sea más grande!

Me miró brillosamente, y por segunda vez escuché su voz cavernosa pronunciando una frase que creo que nunca voy a poder olvidar:

-Y para qué voy a andar perdiendo el tiempo, entonces.

Me di media vuelta y empecé a caminar, con un nudo en la garganta.

- CONTINUARÁ -

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2 comentarios:

  1. Brillante, se me pianta un lagrimón.
    Me da la dirección del boliche que creo que en la azotea está la posta.

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  2. Doctor: ustéT no puede hacernos esperar cuatro (!!!!) semanas, para un nuevo capítulo.
    Menos mal, que éste nos trajo una frase antológica, que está predestinada a ser repetida muchas veces: "para qué voy a andar perdiendo el tiempo?"
    Abrazos enigmáticos!

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