"En general, nada es lo que parece" (A. N. Choa)

domingo, 4 de septiembre de 2011

27 - Croquis


No pude responderle.

Esa pregunta formulada en un tono socarrón me terminó de descolocar.
A esa altura de los acontecimientos, mi confusión era tan grande, que, a pesar de que en  mi cabeza se atropellaban las conjeturas, y por consiguiente las preguntas que quería formularle a Anchoa, sólo atiné a hacerle a Candela una seña con el índice y el pulgar para que me trajera un café.

- Bueno, Tordo, no me parece mala idea, así se despabila un poco, dijo el detective.

Tragué saliva, y con esfuerzo conseguí articular una frase:
- ¿Me puede explicar qué es todo esto?
- ¿Podría ser un poco más preciso en su pregunta, si es tan amable?
- No se haga el otario, Anchoa. ¿Qué es lo que está pasando con el tiempo?
- ¡Ah! ¿Vió? ¡Está cada vez más loco! Llueve, para, vuelve a llover…
- Me cacho…usted sabe que no me estoy refiriendo al tiempo climáticamente hablando. Qué pasa con el tiempo, digo. ¡Con las horas!

En ese momento pareció sufrir una transformación. Respiró hondo y cambió su actitud corporal, Pasó de estar recostado relajadamente en el respaldo de la silla de lona, a encorvarse encima de la mesa sobre la que apoyó ambos codos; reemplazó su sonrisa canchera por una expresión adusta, y me dirigió una mirada penetrante como nunca le había visto; y hasta bajó un par de octavas el tono del soplido de su voz. Parecía uno de esos grandes actores que pueden saltar de un personaje a otro en un segundo.

Dejó de lado el tono socarrón y me contestó:
- Es lo que estamos tratando de averiguar.

- Acá está, bien calentito. Te lo hice preparar bien fuerte, porque hoy tenés cara de dormido, me dijo Candela mientras dejaba el pocillo en la mesa.
- Es que no descansé bien. Gracias, señorita.

Mientras le ponía azúcar al café, me dí cuenta de que recién en ese momento me estaba enterando de cuál era el meollo del asunto que Anchoa y su equipo de Investigaciones Globales estaban tratando de desentrañar.

- Lo que pasa, Doc, es que como le dije hace un rato, usted se manda por su cuenta a hacer recorridos que…
- Mire, no me va a venir a decir ahora que si uno sale a dar una vuelta manzana por el barrio se le adelanta el tiempo siete horas, así como así.

Anchoa respiró hondo, volvió a recostarse en el respaldo, me  dirigió una mirada entre piadosa y comprensiva, y me dijo:
- A ver: pasemos en limpio sus últimos movimientos, Tordo. ¿A qué hora vino hoy al bar?
- La primera vez, me parece que a eso de las seis de la mañana. No había podido dormir, salí a caminar, y terminé acá. Doña moderación recién estaba abriendo el local. Me tomé un café con leche, y me fui a dar unas vueltas por ahí. Regresé casi al mediodía.
- Ajá. Y entonces, qué hizo?
- No volví a entrar. Me fui para la esquina de Amenábar, donde está el kiosco de diarios. Ahí dí vuelta la esquina y caminé hasta Olleros. Volví a girar a mi derecha, y cuando casi estaba por llegar al final de la cuadra, me paré a observar el portón que pertenece al galpón ese que usted dice que está comunicado con el bar.
- No se paró, se arrodilló. Por un instante Anchoa volvió a la mirada burlona y la actitud sobradora.
- Sí, sí. Ahí se hizo presente su amigo el perro, y lo seguí hasta el alambrado que cierra la calle, lo cruzamos, giramos a la derecha, y nos vinimos por el costado de la vía. Llegamos a la calesita de la esquina, volvimos a girar a la derecha, y  por Lacroze llegamos a esta misma mesa donde estamos sentados ahora usted y yo.

Entonces agarró una de las servilletas de papel que había en la mesa, y con una birome que sacó del bolsillo de la campera, dibujó un cuadrado, al que le hizo una x más o menos en la mitad del lado inferior, más bien tirando para la derecha.
- Acá estamos nosotros. Esta es la entrada del bar.
- Ajá

Dibujó una flecha paralela al lado del cuadrado, que arrancaba en la x, y terminaba en el ángulo de la izquierda.
- Acá está el kiosco de diarios, en Lacroze y Amenábar, me dijo, golpeando con la punta de la birome el extremo de la flecha que acababa de trazar.
- Sí

Hizo a continuación otra flecha, vertical, paralela al lado del cuadrado que, me estaba dando cuenta, representaba a la calle Amenábar, con la punta apuntando hacia arriba.
Partiendo de la punta de esa flecha, dibujó otra, de izquierda a derecha, paralela al lado superior del cuadrado. La cuadra de Olleros entre Amenábar y la vía, donde está el portón, pensé, arqueando las cejas.
Anchoa pescó al vuelo mi gesto, y me espetó:
- Exactamente, Doc. Esta es Olleros, Y tras poner una x sobre la flecha, del medio tirando un poco hacia la derecha, me dijo:
- Éste es el portón donde Erec lo hizo caer.
A pesar del sueño atrasado y la confusión que tenía, me dieron ganas de pegarle una piña, por recordarme a cada rato esa situación tan vergonzosa.
Que me adivinara el pensamiento ya había dejado de sorprenderme.

- No se ofusque que ya termino. Trazó entonces una cuarta flecha, de arriba hacia abajo, paralela al lado derecho del cuadrado, y cuando terminó de dibujarle la punta, dijo:
- La calesita.

Por un momento, agradecí que esta vez me estuviera mostrando la manzana del bar utilizando un método tradicional como es la tinta y el papel, y no ese programa de la computadora que había usado la noche anterior en el club, y que me había dejado vomitando.

Finalmente, hizo una última flecha, corta, que iba de la calesita hasta la primera x, donde había comenzado el recorrido.

Me extendió la servilleta, y me preguntó:
- ¿Este es el camino que recorrió hoy al mediodía?
- Sí, Anchoa. Digamos que arranqué al mediodía, pero terminé un poco más tarde. Siete horitas, nada menos. No me haga acordar, que me descompongo. Entre la impresión que me provocó el hecho de haber avanzado siete horas de golpe, sumado a que al cruzar el alambrado se me rompió el …

Acompañé las últimas palabras de mi frase con el gesto automático de palparme la espalda, y comencé de nuevo a transpirar frio. Me paré, me quité el saco para poder mirarlo, y ratifiqué con la vista lo que el tacto me había adelantado.

Estaba intacto. Ni una marca.


- CONTINUARÁ -

1 comentario:

  1. Supongo que las cosas que aún no han ocurrido no pueden dejar aún su rastro en los objetos involucrados; sin embargo el "recuerdo" de que eso ocurrió ya está en la mente del Doc, por lo que se podría decir que ya ocurrió, aunque evidentemente es todavía el futuro...
    Teoricemos, no hay problema. Lo que me indigna de todo esto es que lo dejan afuera al Doc de la investigación y lo tratan como si fuera un otario. Lo banco incondicionalmente a quien se arriesga en solitario haciendo su propia investigación. He dicho.

    Abrazos!!

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