"En general, nada es lo que parece" (A. N. Choa)

domingo, 30 de octubre de 2011

35 - Decididores


- ¿Usted dice que todos esos que salen hablando por celular con cara de salame son decididores?
- Efectivamente.
- ¿O sea que Decisiones Express tiene sus oficinas, o su colcenter, como se dice ahora, ahí arriba del bar?
- No precisamente, Doc. Digamos que ahí se forman. Pero creemos que no hay un call center físicamente constituído. Los decididores trabajan sin horario fijo, y sin tener que estar encerrados en un cubículo oscuro. Hay que reconocer que el aviso que se difundió por las redes sociales no mentía.
- A ver si entendí. Usted dice que alguien se avivó de que el desparramo que se arma con el transcurrir del tiempo en la zona cercana al ombú provoca además efectos en la mente de las personas que están cerca del susodicho vegetal.
 - Tal cual.
- Y que esos efectos consisten en una especie de fuerte hipnosis que permite introducir en la mente de esa gente lo que a uno se le ocurra
- Así es, Tordo. Siga que va bien.
- No, Anchoa. No sigo, porque acá se me plantea una duda.

Me dedicó una de sus miradas de suricata, como si supiera lo que le iba a preguntar, y mientras sonreía torciendo la boca para el lado del cual le colgaba el pucho, me preguntó socarrón:
- ¿Cuál duda, mi estimado?
- Si el servicio que tienen que brindar los decididores de Decisiones Express es tan sencillo como ayudarle a uno precisamente a decidirse en las pequeñas cosas cotidianas de la vida, como lo hicieron cuando los consulté sobre lo que podía pedir para comer aquella vez, ¿Qué necesidad hay de lavarle el cerebro a esa pobre gente, digo yo?

Completó la sonrisa estirando la otra comisura, y con un brillo en los ojos me contestó:
- Doc, usted a veces me emociona. Está adquiriendo una capacidad de análisis y por qué no decirlo, una intuición investigativa, con  las que tranquilamente podría ser un miembro estable del staff de Investigaciones Globales.

Creo que me sonrojé cuando escuché esas palabras de Anchoa, pero traté de disimularlo.
- ¡Vamos, hombre! No se me haga el zalamero, y acláreme la duda, hágame el favor.
- Está bien, pero usted no se me haga el modesto. La conclusión a la que hemos arribado en base a los datos que hemos recolectado hasta el día de hoy, es que Decisiones Express es una pantalla que oculta algo mucho más pesado que una simple asesoría en materia de pequeñas decisiones cotidianas basada en la telefonía celular.
- ¡A la pucha! Dije, mientras sacaba el teléfono celular del bolsillo del saco, y lo miraba con aprensión, como si estuviera sosteniendo una granada de mano a punto de estallar.
- Tranquilícese, Tordo, y déjeme que le siga explicando
- Lo estoy escuchando, Anchoa.
- Habrá notado que cada vez nos estamos haciendo más dependientes de ese aparatito que usted tiene en la mano en este momento, no?
- Tiene razón. Yo me resistí durante mucho tiempo, pero la verdad es que si uno necesita hacer un llamado mientras anda por la calle, no queda otra que tener uno, porque ya prácticamente no quedan teléfonos públicos.
- Es como usted dice, Doc. Además, progresivamente vamos delegando en el celular actividades que antes resolvíamos mediante el uso de nuestras capacidades mentales.
- Me perdí otra vez.
- No es tan difícil. Fíjese que estos aparatos vienen cada vez con más funciones. Y una de las más básicas es un directorio que puede almacenar cientos de números telefónicos.
- Tal cual. Yo tengo algunos grabados.
- Bueno, la mayoría de la gente ya no recuerda ni el número de su propia casa. Simplemente busca “casa” u “oficina” o “taller mecánico” en el directorio, aprieta el botoncito verde para llamar, y listo.
- Exactamente. Es lo que yo hago. Pero no entiendo la relación con los decididores.
- Fácil, Doc. Así como uno se acostumbra a la comodidad de llamar a cualquiera de sus contactos sin tener que esforzarse en recordar el número, quien está detrás de Decisiones Express busca, de a poco, con sutileza, hacernos a todos dependientes de su servicio. Ya comprobó usted que ante la duda, es mucho más sencillo llamarlos y que ellos decidan por uno.
- Sí, todo muy bonito. Pero esa vez que lo intenté, lo único que conseguí fue que Doña Moderación me sacara de un brazo de adentro del bar para salvarme de que Orellana y el cocinero me molieran a palos.
- Bueno, Tordo, tampoco me subestime a mí ni a Pilín, que estuvimos ahí para hacerle el aguante. Pero no nos desviemos del meollo de la cuestión, que veníamos bien
- No es que me quiera apartar del tema. Es que usted me recordó el incidente. Y la verdad es que el servicio a mí me funcionó bastante mal. Las tres o cuatro veces que llamé para que me dijeran qué pedir para almorzar, me atendió una persona diferente, y cada uno me indicó un menú distinto. Por eso Orellana se calentó y pasó todo lo que usted ya sabe.
- Lo entiendo. Creemos que están perfeccionando el sistema, para que una vez que lo atiende un operador, sus siguientes llamadas sean derivadas siempre al mismo. Con la tecnología actual es bastante sencillo. Pero lo que nos importa es que estamos convencidos de que, como le venía explicando, el servicio que le brindaron a usted y a tanta otra gente que los llama a toda hora, es nada más que un señuelo, un anzuelo, como decirle…
- ¡Una engañapichanga!
- Si quiere decirlo en castellano antiguo, está bien: una engañapichanga. La idea es que llegue un momento en el que así como ya no usamos la memoria para marcar un número, dejemos de usar nuestra propia voluntad para tomar decisiones, desde las más insignificantes hasta las más trascendentales. Para eso va a estar Decisiones Express.
- Suena siniestro
- Lo es, mi estimado Doc. Lo es.

En ese momento  frenó junto al cordón de la vereda una camioneta bastante destartalada. El que iba al volante era el Licenciado Topolovsky, y a su lado, el Doctor Pascualini. En la caja, Fusa y Popote. Arriba de ese móvil estaba Investigaciones Globales en pleno. Menos el Soldado, claro, que seguía desaparecido. Pascua se asomó por la ventanilla y gritó:

- ¡Anchoa! ¡Vamos rápido para el Club, que llamó Pilín avisando que quieren entrar los de Cambaceres para afanarnos los trapos!

Fusa le tendió una mano, y el detective Choa  trepó de un salto a la caja con su agilidad de suricata.
Desde ahí arriba me dijo, mientras la camioneta se ponía nuevamente en marcha:

- ¡Imagínese a esa organización funcionando a pleno en un día de elecciones!



- CONTINUARÁ -

1 comentario:

  1. Siniestro sería pensar que eso estuvo activo, digamos, hace un par de domingos, ¿no le parece?

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